No te necesito.
No es una buena forma de empezarte a escribir.
No te necesito.
Dejame explicarte, que no necesito san valentines a tu lado. Que prefiero que me alegres un domingo triste y ruín, de esos que vienen despiadados con todo el peso y la amargura de una conciencia intranquila. Que quieras que te espere al final de un día de mierda para callarnos las penas a base de abrazos.
Solo quiero que brilles por mi, como lo haces, lo haces de puta madre, tu sola, con tus alegrías y tus tristezas, lo que te hace única y especial, tu forma de sonreirle a los problemas, de verle el lado positivo a lo más negativo del día.
Eres lo más bonito de nuestro universo, no del de los demás, del tuyo y del mio, de lo que hemos creado juntos. De cada rincón con cada historia, de cada bar con cada cerveza, de cada banco con cada beso y cada esquina con cada apretón de manos.
Te veo en todo lo bonito.
Te veo en el recien nacido que agarra el dedo a su madre.
En el primer sorbo de café a las 7 de la mañana.
En el primer beso de unos enamorados a primera vista.
En la emoción del primer viaje juntos.
La energía contenida en el primer partido de tu vida.
El primer baño del verano.
El primer helado
La cerveza en mi tejado.
Eres la oportunidad a todos los abrazos que nunca he dado. La chica a la que dar todo mi calor, mi polo opuesto, tus manos congeladas, mi corazón ardiendo.
Compartir una canción.
Te entiendo.
El volumen de tu música al maximo.
Dejarse llevar suena demasiado bien.
El olor a gasolina.
Tu primera borrachera.
Tu primer polvo.
Tu primer viaje.
Las canciones que le dedicaste sin saber que si quiera te miraba.
Los días que te arreglabas por si acaso esa mañana, con las probabilidades al 0, te observaba, no solo te veía, te miraba desde el vértice de su pirámide, como el rey del universo al que aspirabas besar los pies... Por empezar desde lo mas bajo, para poder acabar comiéndole la boca 7 años después con tal de no salir de tu cama en dos días. Aún así, nunca te creías demasiado bueno para ella.
Eres todas las cosas bonitas que me pasan, eres lo que se siente al llorar de felicidad, una piscina en tus pies después de abordar 15 kilómetros en cada pierna.
Una barbacoa despues de una dieta.
Una fiesta. Y dos, y tres... Contigo.
Encontrarte borracho, y que tu vayas aún peor, compartir pensamientos sin sentido. Perdernos en nuestro universo, hablar del por que de la vida, de la tierra en dos mil años, sin saber si quiera como cojones íbamos a llegar de pie a casa.
Detener el tiempo, durante tanto tiempo, que me pregunte si la felicidad es aquel estado eterno que logré conseguir aquella noche acariciándote el pelo mientras dormías, ver tu cara de niña pequeña sonreír, como un ángel cuando se gana sus alas, que te despiertes y me obligues a quedarme contigo, pero que no me duerma y siga acariciándote, para poder soñar conmigo.
No te necesito. No es una buena forma de acabar un poema. Los mejores poemas siempre tienen un final tiznado de gris. Claro que no te necesito, claro que no me necesitas, eso es lo que nos hace ser diferentes.
Tú eres tú y yo soy yo y juntos somos la mejor forma que ha tenido el tiempo, de darle las gracias a nuestro universo por tardar tanto en encontrarnos.
Te quiero, de una forma en la que ni mil palabras podrían resumir, y en la que en dos palabras me sobraría texto.
No te necesito, San Valentin, ni a ti ni al millón de tonterías que nos obliga este triste mundo a perseguir.
No te necesito, perfección, por que ya tengo todo lo que quiero tener, y lo que no, lo estoy consiguiendo, soy feliz siendo lo mas imperfecto que he conseguido.
No te necesito, tristeza, por que tengo a mi lado a la mujer que crea la felicidad.
Por un mundo que siga permitiendo que nuestro universo se abastezca a base de abrazos y besos conjugados en el tiempo.